La ONU confirma la tortura y el abuso en Turquía


El informe de Nils Melzer, relator especial de la ONU sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, sobre su misión a Turquía, publicado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 18 de diciembre de 2017, revela hechos interesantes sobre las violaciones masivas de los derechos humanos.
Para empezar, la visita de Melzer, que tuvo lugar entre el 27 de noviembre y el 2 de diciembre de 2016, se produjo después de que el gobierno turco cancelara abruptamente la visita de su predecesor, Juan E. Méndez, quien tenía previsto visitar Turquía del 10 al 14 de octubre de 2016. Méndez arremetió contra el gobierno por la cancelación de último minuto y dejó claro que incluso en un estado de emergencia, las garantías contra la tortura y los malos tratos y otros derechos humanos fundamentales deben permanecer vigentes.

El 19 de julio de 2016, cuatro días después del fallido golpe de Estado en Turquía, Méndez se encontraba entre los 10 principales expertos de la ONU que hicieron sonar las alarmas sobre las detenciones masivas de miles de jueces y fiscales del gobierno de Erdogan, incluyendo a dos miembros del Tribunal Constitucional sin pruebas de que estuvieran involucrados en la intentona. “Estamos particularmente alarmados por el gran número de jueces y fiscales que, según se ha informado, han sido suspendidos y arrestados”, advirtieron los expertos, y “de acuerdo con el derecho internacional, los jueces sólo podrán ser destituidos por mala conducta o incompetencia grave objetivamente demostrada” dijeron añadiendo: “Hacemos un llamamiento a las autoridades para que liberen y reincorporen a estos jueces y fiscales hasta que se investiguen y prueben adecuadamente las acusaciones creíbles de haber cometido un delito. Cualquier sanción que se adopte debe ser acorde con las normas internacionales sobre independencia judicial.”

Tras la cancelación de la visita de Méndez a Turquía, Melzer logró completar el viaje de investigación un mes más tarde, pero con grandes limitaciones. El gobierno de Erdogan restringió su visita a solo cinco días hábiles en lugar de a 10 a 14 en promedio por la mayoría de los estados miembros de la ONU, lo que le impidió hacer un análisis exhaustivo de la situación sobre el terreno. El enviado de la ONU no pudo examinar a fondo muchos asuntos que están bajo su responsabilidad debido a la restricción de tiempo.

Además, el relator especial de las Naciones Unidas destacó la aparente desconexión entre la política declarada del gobierno de tolerancia cero hacia la tortura y su aplicación en la práctica. Dijo que las investigaciones y procedimientos formales de las denuncias de tortura y malos tratos eran extremadamente raros a pesar de las denuncias generalizadas y persistentes tras el intento de golpe de Estado. En consecuencia, concluyó que se había creado una fuerte percepción de impunidad de facto por los actos de tortura y otras formas de malos tratos.

El enviado de la ONU pone al descubierto las terribles condiciones tras el golpe fallido y cita informes de “palizas, puñetazos y patadas, golpes con objetos, bastonadas, amenazas y abusos verbales, ser forzado a desnudarse, violación con objetos y otras violencias sexuales o amenazas de violencia sexual, privación del sueño, posturas de estrés, y vendaje y/o esposas extendidas por varios días”. Tomó nota de las denuncias de centros de detención extremadamente abarrotados en los que los sospechosos no tenían acceso adecuado a alimentos, agua o tratamiento médico y permanecían en régimen de incomunicación, sin acceso a abogados ni familiares y sin que se les imputara formalmente una acusación por períodos prolongados de hasta 30 días.

El informe de Melzer también nos da pistas sobre por qué el gobierno Erdogan canceló la visita de su predecesor. Cuando el experto forense de su delegación examinó a las víctimas de la tortura, los indicios de malos tratos sólo eran visibles en un número limitado de casos, lo que llevó al relator especial de las Naciones Unidas a concluir que ello se debía al tiempo transcurrido entre el presunto abuso y la visita del equipo de las Naciones Unidas. Estaban inequívocamente claros en el sentido de que “muchos detenidos mostraban signos de angustia, sufrimiento y trauma psicológico acorde con sus alegaciones y, en algunos casos, trastornos mentales, como depresión y trastorno de estrés postraumático que requerían apoyo psicológico o psiquiátrico”.

Abdullah Bozkurt (www.turkishminute.com)