Aumenta el número de turcos que informan de ansiedad, estrés y depresión bajo el mandato de Erdogan

INTRODUCCIÓN

Según una reciente encuesta llevada a cabo por el Centro de Estocolmo para la Libertad (Stockholm Center for Freedom-SCF), la creciente represión de los derechos y libertades fundamentales en Turquía en el régimen cada vez más opresivo bajo el liderazgo autocrático del presidente Recep Tayyip Erdogan, podría haber contribuido al aumento de la prevalencia de estrés, depresión y ansiedad en la sociedad turca.

El 86,3% de los encuestados afirmó que experimenta altos niveles de depresión, el 78,8% indicó que lucha contra el estrés, y el 72,1% informó que sufre ansiedad. El estudio, basado en una serie de índices de autoevaluación entre los ciudadanos turcos, indica que el 65,1% de los participantes se describe a sí mismo como infeliz en diversos grados mientras que el 34,9% se consideraba feliz, nuevamente en niveles variables.

Esto demuestra que la rápida recaída del estado de derecho, los derechos democráticos y las libertades fundamentales, junto con el empeoramiento de las perspectivas económicas y el aumento de la violencia y los incidentes terroristas, podrían haber afectado al bienestar psicológico de la sociedad turca. También revela que el gobierno turco no está asumiendo su responsabilidad a la hora de reforzar el sentimiento de felicidad entre los turcos, especialmente en el contexto de las flagrantes injerencias del gobierno en los derechos y libertades individuales.

Considerando que la felicidad personal está ligada, entre otras cosas, a creencias, religiones, sueños, ideologías, sensibilidades y percepciones individuales sobre las que nadie, incluidas las autoridades, debe juzgar, estigmatizar, vilipendiar o inmiscuirse, la interferencia real o percibida del gobierno turco en las decisiones individuales en Turquía puede haber contribuido a este empeoramiento de la situación.

Según las estadísticas del Ministerio de Salud de Turquía, el uso de medicamentos contra la depresión aumentó un 23,2%, pasando de 35,4 millones de cajas en 2014 a 43,6 millones en 2015. En los primeros nueve meses de 2016, según los últimos datos disponibles, la cifra ascendió a 33,6 millones de cajas de medicamentos contra la depresión. Se afirma que una de cada diez personas en Turquía consume medicamentos contra la depresión. El Ministerio de Salud también anunció, el 5 de agosto de 2014, que 9,2 millones de turcos acudieron a hospitales y clínicas con el fin de buscar tratamiento para problemas psicológicos, por encima de los 3 millones en 2009. El principal partido opositor de Turquía, el Partido Popular Republicano (CHP), presentó una moción en el Parlamento el 10 de diciembre de 2015 pidiendo el establecimiento de una comisión de investigación que estudiara los crecientes casos de trastornos psicológicos. La moción todavía no ha sido debatida en el Parlamento. Una moción similar también fue presentada el 1 de marzo de 2015 por el Partido Democrático de Kurdistán (HDP), pero no fue aceptada en el Parlamento antes de que finalizara la sesión legislativa, de modo que quedó descartada.

La falta de voluntad del gobierno turco para investigar las causas de los crecientes casos de trastornos psicológicos y el alto uso de medicamentos contra la depresión desafía el sentido común. Es muy probable que el gobierno no quiera ser culpado y trate más bien de esconder la suciedad debajo de la alfombra. El actual régimen islamista de Turquía ha sido constantemente criticado por parte de observadores por socavar el disfrute personal o colectivo de la vida entre grupos étnicos y sociales, en particular atacando a los más vulnerables en los dos últimos años mediante una persecución implacable de grupos críticos tales como el movimiento político kurdo, los alevís y el movimiento Gülen basado en la fe.

En este estudio, que buscaba explorar la prevalencia de problemas de salud mental y su relación con la felicidad, se empleó una versión turca de la Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés / DASS-42 (Depression, Anxiety and Stress Scale / DASS-42) para medir trastornos psicológicos del estado de ánimo, mientras que el nivel de felicidad se evaluó utilizando la versión turca de la Escala de Felicidad Subjetiva. Junto a estas dos escalas, se creó un cuestionario para medir una serie de factores sociodemográficos. Un total de 358 personas participaron en el estudio, con una edad promedio de 36,1 años (desviación estándar = 9.5).

Los datos obtenidos sugieren que una proporción significativa de turcos da muestras de haber sufrido depresión, estrés y ansiedad, lo que conduce a un bajo nivel de felicidad. Este resultado, que requiere mayor investigación y un estudio en profundidad de todos los aspectos, también destaca la negligencia del gobierno turco a la hora de abordar urgentemente los problemas que afectan al bienestar psicológico de los turcos.

En lugar de abordar las causas de este creciente problema, el Presidente Erdogan, los funcionarios del gobierno y los medios de comunicación progubernamentales, continúan alimentando la histeria y la paranoia en la sociedad turca mediante la constante presentación de teorías conspirativas y la invención de enemigos nacionales y extranjeros, lo cual ha sido considerado un intento de distraer a la opinión pública de los problemas que existen en los ámbitos de la economía, la seguridad y las políticas sociales en Turquía. El gobierno también está incitando la búsqueda de chivos expiatorios para sus propios problemas.

Los principales defensores de los derechos humanos, incluidos el director nacional y el presidente de la junta directiva de Amnistía Internacional, fueron retratados por el gobierno como agentes extranjeros que quieren desmembrar a Turquía y planear el caos, mientras se culpa al movimiento Gülen (grupo cívico, pacifista y respetuoso de la ley) de organizar el intento de golpe de Estado fallido del 15 de julio de 2016 sin que las autoridades presentaran pruebas convincentes. Todos los días decenas de personas son arrestadas en el país a causa de publicaciones en las redes sociales, mientras que unos 1.000 miembros del movimiento Gülen son acorralados semanalmente sin pruebas y en base a cargos falsos.

Turquía ha suspendido o despedido a más de 150.000 jueces, maestros, policías y funcionarios desde el 15 de julio de 2016. El Ministerio de Justicia anunció el 13 de julio de 2017 que 50.510 personas han sido arrestadas y 169.013 han sido objeto de procedimientos legales por cargos de golpe de Estado desde que se produjera el intento de golpe fallido. El gobierno también ha tomado medidas enérgicas contra medios de comunicación independientes y críticos, cerrando cerca de 200 medios de comunicación y encarcelando a 273 periodistas desde el 27 de julio de 2017. El gobierno también está considerando arrestar a 109 personas más por falsos cargos de terrorismo.

Desde el año pasado, el SCF ha documentado 83 suicidios y muertes sospechosas, la mayoría en centros de detención y prisiones. Se cree que algunos, si no todos, están relacionados con el dominante entorno represivo creado por el régimen de Erdogan.